mayo 28, 2024
Dani MoraOpinión

Confesiones de una (ex) pick me girl

Cuando yo nací, el mundo era bastante más machista. Crecer en los 90 estaba determinado por conductas y estereotipos que para entonces no eran (tan) cuestionados.

Fui la niña que escuchó muchas veces, y de muchas fuentes, que ser mujer o ‘femenina’ era ser inferior. Que te guste el rosa, el maquillaje y las muñecas era un problema pues lo cool (estoy segura de que ya no se dice así) estaba asociado a la masculinidad, por lo tanto, obtener la validación de los grupos masculinos o de hombres era lo que se deseaba.

“Correr como niña”, “jugar como niña”, “llorar como niña”, “comportarse como niña” era algo negativo y que te gusten las “cosas de niña”, aun siendo una niña, era una sentencia para la exclusión y, en muchos, casos te convertía en blanco de burlas y ataques. En un mundo de hombres, había que masculinizarse, renegar del rosa y descabezar a las Barbies.

Fui la niña que creció diciendo que se llevaba mejor con los hombres, callando frente a comentarios y chistes sexistas porque venían de figuras de autoridad. Fui también la que dejó pasar acoso como halago porque pensaba que así funciona el mundo y me hacía parte de quienes estaban arriba. Apunté con el dedo a las mujeres por “dramáticas”, “exageradas”, “escandalosas”, “desesperadas”. Critiqué el aspecto físico de las demás, su forma de vestir, su sexualidad y un largo etcétera que no me enorgullece.

Quería dejar claro que no era como las otras chicas, convenciéndome a mí primero. Me negué la posibilidad de descubrir las cosas por mi cuenta y dejé que el gusto de ellos sea lo que determine mi personalidad, creencias y aficiones. Perpetué, sin quererlo, los sistemas de opresión que nos afectan.

Quisiera decir que después de todos estos años, con el aprendizaje y el correr de las aguas, he logrado remover por completo aquellos pensamientos y conductas que moldearon mi adolescencia, pero les mentiría. Aun hoy, me encuentro con rezagos de esa chica que buscaba validación a pesar de la carga misógina. Y si a ti, que estás leyendo esto también te sucede, quiero que recuerdes que nadie nace siendo sexista. Hemos internalizado estas conductas de manera involuntaria a través de la observación, el aprendizaje y el entendimiento de nuestra sociedad gracias a que mantenemos ideas comunes al resto de las personas, incluyendo las misóginas. Es una lucha diaria y constante deshacerse de ellas.

Esta es la evidencia de que autoproclamarse feminista no significa que automática y mágicamente nos liberemos completamente de las cadenas del patriarcado. Incluso, cuando entendemos la lógica de las estructuras de opresión, la misoginia interna y externa nos pueden forzar a acatar ideas que rechazamos.

Hoy, he hecho la paz con el rosa y con las Barbies y me sigo cuestionando muchas cosas sin que eso me impida explorar gustos en su momento vetados por la masculinidad. Incluso, he hecho las paces con mis emociones complejas, aunque sigo lidiando con el drama, pero de manera más auténtica y (espero) sana.

Finalmente, no digo que a todas nos deba gustar lo mismo: aquello que nos han socializado como femenino. Defiendo el derecho de probar todo aquello que nos llame la atención sin la carga del reproche social o de los condicionamientos devenidos de la cultura que nos enseña que hay seres superiores e inferiores, mucho menos que aquello asociado a las mujeres, minorías o diversidades es malo o incorrecto, ya que la única validación que necesitas es la tuya.

 

Por: Dani Mora – @danimsantacruz

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