EE.UU. ayudó a Ecuador a bombardear una granja lechera en Sucumbíos y tortutar ciudadanos, pero lo ‘anunciaron’ como una acción contra el narco
Una operación militar presentada como un golpe contra el narcotráfico en la frontera norte de Ecuador ha quedado bajo fuerte cuestionamiento tras una investigación periodística que contradice la versión oficial.
El reportaje publicado por The New York Times sostiene que el bombardeo ejecutado el 6 de marzo de 2026 en la provincia de Sucumbíos —y atribuido a una acción conjunta entre Ecuador y Estados Unidos— no impactó un campamento de grupos armados, sino una finca dedicada a la producción lechera.
Tras el ataque, autoridades ecuatorianas y estadounidenses aseguraron que el objetivo era una base de los llamados Comandos de la Frontera, una organización vinculada a disidencias de las FARC y al narcotráfico.
Sin embargo, la investigación periodística no encontró evidencia de actividad criminal en el lugar. Por el contrario, el sitio correspondía a una propiedad rural privada, lo que abre interrogantes sobre la calidad de la inteligencia utilizada para autorizar el operativo.
Testimonios y denuncias en terreno
El reportaje recoge testimonios de habitantes y trabajadores de la zona que describen un escenario distinto al de un enclave armado. Según estas versiones, días antes del bombardeo militares ecuatorianos habrían realizado operativos en el área, incluyendo detenciones, quema de estructuras y presuntos abusos contra civiles.
Los trabajadores de la finca relataron al Times que los soldados ecuatorianos llegaron en helicóptero el 3 de marzo, rociaron varios refugios y cobertizos con gasolina y los incendiaron después de interrogar a los trabajadores y golpear a cuatro de ellos con las culatas de sus armas. Tres de los trabajadores, que solicitaron el anonimato por temor a represalias del gobierno, dijeron que los soldados los asfixiaron después y los sometieron a descargas eléctricas antes de dejarlos irse.
Organizaciones de derechos humanos y agencias internacionales también han advertido sobre posibles afectaciones a población no combatiente, lo que elevaría la gravedad del caso.
Participación de Estados Unidos
Aunque el rol exacto de Washington sigue siendo motivo de debate, funcionarios estadounidenses citados en la investigación reconocen que hubo apoyo en inteligencia y logística. Incluso se menciona el despliegue de un helicóptero militar, aunque sin participación directa en el ataque.
Este episodio se inscribe en una fase de creciente cooperación militar entre ambos países en el marco de la lucha contra el narcotráfico, una estrategia que ha incluido operaciones conjuntas y asistencia del Comando Sur.
Un contexto regional cada vez más tenso
El caso ocurre en medio de una escalada de operaciones militares en Ecuador, que atraviesa una grave crisis de seguridad vinculada al crimen organizado. En este escenario, el país se ha convertido en un punto clave para rutas del narcotráfico y en un aliado estratégico de Estados Unidos en la región. (Diario AS)
Sin embargo, episodios como este reavivan el debate sobre los riesgos de la militarización y el uso de inteligencia imprecisa en zonas pobladas, así como sus posibles consecuencias humanitarias y diplomáticas.
Interrogantes abiertos
Hasta ahora, ni el Gobierno ecuatoriano ni el estadounidense han dado explicaciones detalladas sobre las discrepancias señaladas en el reportaje.
La principal pregunta sigue sin respuesta: ¿cómo una operación dirigida contra supuestos “narcoterroristas” terminó destruyendo, según la investigación, una finca civil?
El caso amenaza con convertirse en un punto de inflexión en la estrategia de seguridad regional y en la cooperación militar entre ambos países.
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