septiembre 22, 2026
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Mientras Daniel Noboa y su ministro de Salud culpan a médicos y pacientes, un niño muere sin el medicamento que necesitaba

Jordan Zavala, de cuatro años, murió en Morona Santiago después de ser picado tres veces por un alacrán. Su madre asegura que fue trasladado por varios centros de salud y que en ninguno recibió el suero antiescorpiónico. El caso ocurre mientras el presidente Daniel Noboa y su ministro de Salud responsabilizan públicamente a pacientes y médicos por parte de la crisis de medicamentos.

Un niño de cuatro años murió en Morona Santiago después de sufrir tres picaduras de un alacrán. Su madre asegura que, durante las horas críticas posteriores al ataque, recorrió varios establecimientos de salud buscando atención para su hijo, pero que el medicamento que necesitaba no estaba disponible.

El niño era Jordan Zavala Wachapa, de la comunidad Shuar de Shariana, en el cantón Tiwintza.

Según contó su madre, Ana Wachapa, el ataque ocurrió el 17 de septiembre de 2026, mientras la familia se movilizaba en una balsa por el río Tsuis. El alacrán habría caído de un árbol y picó al pequeño tres veces: una en el rostro y dos en una mano.

La familia lo llevó inicialmente en motocicleta hasta el Centro de Salud Santiago, en Tiwintza.

Según el testimonio de la madre recogido por El Mercurio, allí no había suero antiescorpiónico. Al niño le administraron paracetamol y suero mientras esperaban una ambulancia.

La ambulancia llegó, según el relato familiar, alrededor de las 18:00, unas cuatro horas después de que el niño ingresara al primer establecimiento.

Jordan fue trasladado al Hospital de Méndez. Su madre sostiene que tampoco allí encontraron el medicamento necesario y que posteriormente fue derivado al Hospital General de Macas.

Cuando llegó a Macas, el niño ya no reaccionaba. Los médicos confirmaron su muerte.

La familia pide que se investigue qué ocurrió durante esas horas y que se determine si existieron fallas en la atención o problemas de disponibilidad del antídoto.

Y aquí aparece la pregunta que trasciende a este caso: ¿qué ocurre cuando un niño necesita un medicamento de emergencia y el sistema público no lo tiene?

El caso ocurre mientras el Gobierno busca otros culpables

La muerte de Jordan ocurre en medio de una discusión pública en la que el régimen de Daniel Noboa ha comenzado a señalar a pacientes y médicos como responsables de parte de los problemas de abastecimiento.

El 4 de septiembre, el ministro de Salud, Juan Carlos Aveiga, fue consultado sobre el desabastecimiento de medicamentos.

Su explicación incluyó una acusación contra algunos pacientes.

Aveiga aseguró que se habían detectado casos de personas que reciben medicamentos gratuitos para tratamientos crónicos y posteriormente los venden.

“Hay gente que con mucha pena lo digo recibe su receta para medicación crónica por 6 meses y venden 4 meses porque necesitan dinero”.

Las declaraciones provocaron cuestionamientos de organizaciones de pacientes. El propio ministro posteriormente sostuvo que sus palabras habían sido tergiversadas y afirmó que el Ministerio estaba investigando a quienes presuntamente comercializan medicamentos.

El problema es que, mientras el Gobierno habla de pacientes que venderían medicinas, existen familias que aseguran estar haciendo exactamente lo contrario: vender comida, organizar rifas, bingos y actividades solidarias para comprar los medicamentos que los hospitales no tienen.

Una investigación de Primicias documentó el caso de madres de niños con cáncer que organizan rifas y venden comida para adquirir medicamentos, insumos y tratamientos que no encuentran en los hospitales públicos.

Una de ellas, Gabriela Gavilánes, madre de un niño con cáncer, relató que realiza bingos, rifas y venta de alimentos para comprar medicinas que deberían estar disponibles en el hospital.

Ahora Noboa apunta a los médicos

La polémica escaló nuevamente cuando el presidente Daniel Noboa afirmó que existen médicos que prescriben deliberadamente medicamentos que no están disponibles en los hospitales para presionar al Estado a comprarlos.

El mandatario planteó el ejemplo de tres medicamentos que pueden utilizarse para una determinada dolencia y sostuvo que, si uno de ellos no está disponible, existen médicos que igualmente lo recetan “para fregar”.

Según Noboa, estos profesionales estarían vinculados a determinados laboratorios y utilizarían las recetas para provocar que el Estado termine adquiriendo esos medicamentos.

Los gremios médicos rechazaron la acusación. El Colegio Médico del Guayas y la Federación Médica Ecuatoriana sostienen que el problema está en la adquisición y distribución de los medicamentos y no en los médicos que los prescriben.

Además, la Federación Médica señaló que los médicos no tienen acceso en tiempo real al inventario de las farmacias hospitalarias para saber exactamente qué medicamento está disponible y cuál está agotado.

La discusión, por tanto, queda planteada en dos versiones:

El Gobierno sostiene que existen pacientes que venden medicamentos y médicos que prescriben fármacos sin stock.

Los pacientes y gremios médicos cuestionan que se intente trasladarles la responsabilidad por un problema que corresponde al sistema público de adquisición, distribución y abastecimiento.

Y mientras esa disputa continúa, los hospitales siguen registrando faltantes.

El propio Ministerio reconoce que el abastecimiento está lejos de ser total

Los datos oficiales citados recientemente por Primicias muestran que el abastecimiento de medicamentos en los hospitales del Ministerio de Salud cerró agosto de 2026 en 55 %, según el ministro Juan Carlos Aveiga.

Es decir, el propio Gobierno reconoce que el sistema no tiene cubierto ni siquiera seis de cada diez medicamentos requeridos, según ese indicador.

No se trata únicamente de una discusión política. Se trata de medicamentos para pacientes con cáncer, enfermedades raras, enfermedades crónicas y emergencias. Y en algunos casos, el tiempo importa.

Morona Santiago ya tiene un antecedente

La muerte de Jordan tampoco es un episodio completamente aislado.

En diciembre de 2025, una niña de tres años murió en Taisha después de ser picada por un alacrán. Dirigentes de la nacionalidad Achuar denunciaron entonces la falta de suero antiescorpiónico.

El caso generó cuestionamientos sobre la disponibilidad del antídoto en una provincia amazónica donde las picaduras de escorpión representan un problema sanitario recurrente.

Ahora, meses después, otro niño muere tras sufrir una picadura de alacrán y su madre vuelve a denunciar que el medicamento no estaba disponible.

Son casos que requieren investigación individual y determinación médica de las causas de cada fallecimiento. Pero la repetición del mismo problema —una picadura potencialmente grave y una familia que denuncia no encontrar el antídoto— obliga a preguntar qué está haciendo el sistema de salud para garantizar la existencia de estos medicamentos en las zonas donde son necesarios.

Mientras tanto, el Gobierno busca explicar el desabastecimiento

Las declaraciones de Noboa y Aveiga se producen además después de meses de cuestionamientos por la falta de medicinas.

En mayo de 2026, una investigación de Primicias describió una crisis caracterizada por contratos fallidos, declaratorias de emergencia, cambios de ministros y niveles críticos de abastecimiento en hospitales públicos.

En septiembre, el Gobierno anunció incluso la implementación del sistema hospitalario Dedalus, que contempla un mecanismo para monitorear en tiempo real el inventario de medicamentos e insumos en la red pública. La Hora señaló que el anuncio llega en medio de los cuestionamientos por el abastecimiento y de las promesas gubernamentales de compras internacionales de medicamentos.

Es decir, el propio Ejecutivo reconoce que existe un problema que requiere mecanismos de control de inventarios y nuevas estrategias de adquisición.

Pero en el discurso político reciente aparecen también otros responsables: los pacientes que supuestamente venden sus medicinas y los médicos que supuestamente recetan fármacos inexistentes.

Mientras el presidente habla de médicos que “recetan para fregar” y su ministro señala a pacientes que supuestamente venden sus medicamentos, una madre en Morona Santiago acaba de enterrar a su hijo y asegura que, cuando más necesitaba una medicina, el sistema público no la tenía.

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