febrero 23, 2026
OpiniónPortadaSebastián Vera

Urgente en materia económica

“Cuando se invierte bien, la dignidad se construye”.
Valentina Centeno, asambleísta de ADN por Manabí

No es algo común -al menos que se viva cerca del convento del Carmen Alto- despertar a las 4 de la madrugada con un rezo coral del Ave María, parte del Ángelus. Tampoco es común despertarse bajo el dintel de una antigua puerta de la época colonial -después de una hora de sueño en mi caso debido al insomnio- al lado de varias personas, excepto si eres una persona en situación de calle o uno de los muchos borrachos trasnochados que pueblan las avenidas de las ciudades. Y quizás, lo menos probable todavía, sea ver a familias, niños, parejas de otras provincias, durmiendo y roncando juntos bajo un mismo techo, vigilados por pinturas, maniquíes e información en una de las salas del Museo de la Ciudad.

Esa fue parte de mi experiencia en ‘Una Noche en el Museo’, evento realizado en diciembre 2025, el cual incluyó actividades diversas como la visita al Albergue San Juan de Dios para entregar donaciones, conocer sus instalaciones y trabajo con migrantes y gente (para nuestra sociedad inflada de ego y ceguera moral) considerada descartable; un recorrido por las instalaciones del museo, entre búsquedas llenas de aprendizaje por todas sus salas; y, como cereza del pastel de esta experiencia única: dormir en el museo para poder observar el amanecer desde uno de los antiguos campanarios del que fue el hospital San Juan de Dios.

Nada de esto podrá repetirse, al menos en Quito, ahora que la propuesta de reforma al Código Orgánico de Organización Territorial (COOTAD) se aprobó en la Asamblea Nacional (que sesiona cobardemente en Samborondón).

El impacto en todo el país será desastroso. La cultura y lo social son de los grandes cadáveres con los que el fascismo noboísta se pavonea de “avance”, “cambio”, “impulso económico”, cuando realmente deberían ser sinónimo de vergüenza, estupidez, malicia pura; y en una Asamblea Nacional en su grandísima mayoría mediocre y servil (a excepción de ínfimas voces), la destrucción en materia de desarrollo social y cultural suena como solución a problemas económicos que, desde el mismo legislativo, deberían reconocer como derivados de la corrupción que desde el gobierno se impulsa y se alaba por una secta de esbirros sin un ápice de conciencia.

A la Bancada ADN -y en su extensión, a todos quienes lamen las botas del emperador morado- no se les puede hacer entender que el tejido social que se crea a través de la cultura y los servicios que se generan alrededor de la misma frena el avance de la violencia. Inutiliza el silencio que a ellos al parecer les hace tanto bien, sostiene y genera empleos para varias familias, ofrece servicios como salud y movilización que el mismo gobierno se ha encargado de olvidar, da valía a nuestra identidad con proyectos que unen a la ciudadanía, fortalecen la educación, la salud, la dignidad, elementos que en este gobierno se pasan por alto con cada irresponsabilidad política cometida a conciencia.

A ellos lo que realmente les importa es cumplir con las exigencias del FMI, con quienes el país sostiene una deuda récord, convirtiéndolo en el cuarto país del planeta que más se encuentra endeudado con el Fondo Monetario Internacional.

Además de esto, fue de su interés aprobar esta ley para tener una excusa perfecta para que el Estado pase por alto sus deudas con los GAD, sumado a que se utiliza como arma política para desprestigiar las administraciones de alcaldes y prefectos para de esta manera mostrar a sus peones políticos como “la solución” en las elecciones seccionales de 2027.

Para ellos no existe la irresponsabilidad sino los medios necesarios para hacerse con todo el poder en el país, en cada rincón, de todas las maneras posibles. “Urgente” deberían ser -en palabras del mismo Noboa- aquellos IDIOTAS que:

  • Viajan al exterior con recursos públicos sin ningún resultado real, por más mentiras maquilladas que se digan en “diálogo” con “periodistas” (Jorge Rendón y Mariela Viteri) afines al gobierno.
  • Creen que 12 horas de trabajo a lo Milei es convertir al país en un estado “eficiente”.
  • Invitan a genocidas para “acuerdos comerciales”.
  • Recurren a la palabra “correísmo” para creer tener razón en cada rebuzno digital o público que profieren para justificar el actual gobierno o tomar justificativos tibios o estúpidos.
  • No escuchan necesidades en materia de salud (desabastecimiento, falta de pago a personas) y prefieren gritar para aparentar ser “fuertes”.
  • Buscan maneras a través del Estado de censurar voces contrarias a la dictadura, porque claramente no vivimos en democracia.
  • No fiscalizan ni investigan los tentáculos de las mafias en instituciones que deberían servir y proteger a la ciudadanía y para quienes el honor, la disciplina y la lealtad es profesada a un mitómano al que el país le importa un comino.
  • Defienden a capa y espada a personas que abusan de su poder para cometer actos ilícitos, compras cuestionables, tratos tramposos o que utilizan a la justicia para beneficio propio o para perseguir a adversarios políticos.
  • Secuestran la operatividad de seguridad de una ciudad para volverla “eficiente”. La misma operatividad sin la cual no habríamos sabido de la desaparición y muerte de Steven, Nehemías, Ismael y Josué a manos de militares.

Y para quienes crean que llamar fascista al gobierno de Noboa es inconsecuente, solo basta con leer a Umberto Eco para entender las estrategias y comportamientos del noboísmo…pero eso es pedir mucho para quienes inclusive este artículo les parecerá muy rojo, muy radical, muy “correísta”, cuando lo que quiero expresar es mi preocupación real por la destrucción sistemática de la verdad, de la justicia, de la
dignidad en el Ecuador a manos de un grupo de facinerosos a quienes El Nuevo Ecuador es solo una hacienda.

Lo verdaderamente urgente, no solo en materia económica, sino existencial, es derrocar a todos quienes promueven el necroliberalismo, la ignorancia y la tibieza espiritual como normas a seguir. Que no nos alcance otra medianoche entre monstruos que desangran lentamente al Ecuador.

Por Sebastián Vera

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