Elecciones libres: IMPERATIVO NACIONAL
Recuerda, recuerda ese (…) noviembre
Pólvora, traición y complot
Nadie podrá decir que tan espantosa traición
En el olvido quedó.
Verso folclórico inglés
La nueva representación simbólica de lo que es el gobierno de Daniel Noboa para los ecuatorianos se encuentra a vista y paciencia de todos en la Plaza Grande. Las feas y antiestéticas vallas -que al menos eran honestas en su rechazo a la ciudadanía bajo el pretexto de “seguridad”- fueron reemplazadas por cercos de vidrio y geranios, que ya no afean tanto el autoritarismo noboísta. Transparencia para ver los cadáveres de los negocios que antes ocupaban la parte baja del Palacio de Carondelet y flores para rememorar el eterno velorio democrático por el que pasamos todos los días.
Una linda vista al cadáver de la República.
Quizás falten más ataúdes preciosos en la Fiscalía, la Asamblea, el CNE, el TCE y demás edificios que opacan el espíritu nacional no porque los ciudadanos tengamos una rencilla personalísima con ellos sino porque actúan a favor de una ínfima parte de corruptos e hipócritas que ahora buscan perpetuarse en el poder en las anticipadas elecciones que tomarán lugar en noviembre.
Colada y guaguas para pasar ese mal sabor de boca que día a día atravesamos entre decisiones ineptas y cinismo a raudales, como el Fenómeno del Niño en Ecuador sin planificación estratégica de riesgos bajo la excusa de ser “los planes de Dios”.
El editorial de la edición de noviembre de 1971 de Revista Vistazo se titula en mayúsculas: “Elecciones libres: IMPERATIVO NACIONAL”. Su oración inicial es algo que, para bien o para mal, demuestra que la historia es cíclica y que hoy, como hace 55 años, nos encontramos en una situación crítica: preservar la democracia: “Sin lugar a dudas que el principal problema que tiene hoy la República es el de su futuro político, el mismo que debe resolverse democráticamente en las urnas”.
No nos encontramos ante la caída de un político populista en la figura de Velasco Ibarra, pero sí presenciamos el surgimiento de un dictador civil con Noboa (y vaya si les separan las distancias a un conservador populista elocuente como Velasco y a la kakistocracia necroliberal mentecata de Noboa).
¿Posible Carnavalazo con los militares? Imposible. Ahora ellos, también sumergidos en la podredumbre de la élite corrupta, son solo soldaditos de juguete al mando de EE.UU. y sus crímenes. Además, entre ellos no figura un Guillermo Rodríguez Lara (quien, si la Providencia así lo determina, cumplirá 103 años este 4 de noviembre convirtiéndolo en el exjefe de estado más longevo del mundo) pero vale nombrar al teniente general Mauricio Salazar, quien solicitó garantías jurídicas explícitas sobre las operaciones militares estadounidenses en la Base de Taura y resultó destituido.
Ahora Taura es otro bastión militar estadounidense que no tiene absolutamente ninguna utilidad real en la lucha contra el narcotráfico. ¿Cómo confiar en el ejército de un país cuyo presidente concedió un indulto a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, acusado de narcotráfico y posesión de armas? ¿Cómo confiar en un ejército extranjero que ataca a pescadores inocentes? Hay que aclarar que las FFAA no están en buena lid hoy por hoy y la crítica hacia esta institución y a la policial son necesarias y vitales para depurar a sus elementos nocivos que no hacen más que envilecer su misión de servicio a los ciudadanos.
Han pasado 55 años, y pareciera que las palabras de la editorial de Revista Vistazo describen nuestro presente, letra por letra, las cuales retomo a manera de remembranza, pues si hay algo que lamentablemente adolece nuestro espíritu político nacional es la amnesia:
“El gobierno padece de una extremada susceptibilidad para las críticas, no digamos par alas censuras. No le es posible admitir como natural que sectores de la opinión pública, que periodistas y dirigentes, discrepen radicalmente de sus actos, difieran de sus decisiones, protesten contra determinadas actitudes. El régimen se atribuye el monopolio del acierto y del patriotismo.
De acuerdo con la tesis oficial parecería que nos encontramos divididos en dos grandes sectores: los que están de acuerdo con el régimen son patriotas, los bien intencionados, los dignos. Los que están en contra son malos ecuatorianos, políticos llenos de ambición, cegados por los intereses creados o por el odio, ciudadanos que calumnian y difaman con el único afán de hacer daño al país, de conspirar contra el futuro.
En una democracia como aquella a la cual aspiramos es natural y deseable la divergencia de criterios. Un régimen no debe temer la crítica si sus actos son serios, si su conducta está bien inspirada. No tiene por qué revelar tanto malestar y descontento cuando se lo ataca. Ni ofrecer a cada paso el encarcelamiento para quienes discrepan abiertamente con sus actos.”
Nuestro país precisa de líderes que no se embarquen en aventuras personalísimas de desfalco estatal bajo justificación de inversión nacional; tampoco necesitamos de lamebotas en la Asamblea Nacional -y demás instituciones estatales- disfrazados de supuestos demócratas cuando su putrefacto tufo de hipocresía repele a todos quienes tienen la mala suerte de encontrarse en su presencia; la destrucción de la autocracia nos es imperativo, y para ello, hoy más que nunca, necesitamos posicionarnos por la democracia y la dignidad, dos elementos olvidados por esta administración y sus lacayos.
Nuestro compromiso como ciudadanos ecuatorianos siempre deberá ser frenar por completo cualquier intento de dictadura, de cualquiera que sea la bandera política, siendo la de hoy morada y con el número 7.
Por Sebastián Vera

