Activista Mónika Silva fue asesinada: la autopsia desmiente la hipótesis de que se quitó la vida, que impulsó John Reimberg
Ecuador escuchó una misma versión desde el más alto nivel del Gobierno de Daniel Noboa, sobre la muete de la activista Mónika Silva, acontecida el 8 de junio de2026: que se habría quitado la vida.
La hipótesis fue impulsada públicamente por el ministro del Interior, John Reimberg, apenas horas después de que se conociera la muerte de la activista anticorrupción en su vivienda, en la provincia de Santa Elena. Sin embargo, con el informe de la nueva autopsia, aquella explicación oficial no solo se ha debilitado, sino que hoy enfrenta serias contradicciones.
Fernando Bastias, representante del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH), organización que participa como veedora en el proceso, aseguró que los hallazgos periciales apuntan a una muerte violenta.
“La muerte de Monika fue un hecho violento y no un suicidio”, afirmó Bastias al referirse a los resultados de las pericias practicadas en la provincia de Santa Elena.
La pregunta ya no es por qué se habló de un suicidio. La pregunta es por qué se habló de suicidio tan rápido.
Una conclusión anticipada
Cuando la investigación apenas comenzaba, Reimberg sostuvo que existían indicios que apuntaban a que Silva había atentado contra su propia vida. Entre los argumentos mencionó supuestos antecedentes depresivos y un presunto mensaje de despedida enviado a su pareja sentimental, lo que era falso.
Pero la versión comenzó a mostrar fisuras casi de inmediato. La pareja de la activista negó públicamente que hubiera recibido un mensaje suicida. Según explicó, el último contacto consistió en un saludo cotidiano, sin contenido que permitiera interpretarlo como una despedida.
Aquello dejó sin sustento uno de los principales elementos utilizados para respaldar la tesis oficial.
Los hallazgos que cambiaron el escenario
Con el paso de los días, la atención se trasladó hacia los resultados forenses.
La información difundida posteriormente por distintos medios reveló que la autopsia habría encontrado indicios incompatibles con una muerte autoinfligida. Los reportes apuntan a señales de estrangulamiento y a lesiones que deberán ser analizadas dentro de la investigación penal.
Si estos hallazgos son confirmados por las autoridades competentes, la hipótesis del suicidio quedaría prácticamente descartada.
Es precisamente por eso que organizaciones de derechos humanos, activistas y observadores independientes han cuestionado la ligereza con la que desde el poder político se instaló una narrativa antes de que concluyeran las pericias científicas.
Las amenazas que nadie puede ignorar
Existe otro elemento que vuelve aún más problemática la versión inicial.
Mónika Silva no era una ciudadana anónima. Era una activista que mantenía denuncias públicas relacionadas con presuntas irregularidades en la administración de tierras comunales y que señalaba posibles estructuras de corrupción e intereses políticos en Santa Elena.
Meses antes de morir había denunciado amenazas en su contra.
También había advertido públicamente que temía por su seguridad.
Ese contexto resulta imposible de ignorar.
Cuando una persona denuncia riesgos, asegura estar siendo amenazada y posteriormente aparece muerta en circunstancias sospechosas, cualquier investigación seria debe examinar prioritariamente la posibilidad de una acción criminal.
Sin embargo, la primera reacción de las autoridades fue orientar la discusión hacia un supuesto suicidio.
Las críticas al Gobierno
Juristas, defensores de derechos humanos y observadores internacionales han cuestionado la actuación del Ejecutivo.
El principal reproche es que una autoridad política no puede adelantarse a las conclusiones de una investigación penal, mucho menos cuando todavía no existen resultados definitivos.
La preocupación aumenta porque las declaraciones oficiales tienen capacidad de influir sobre la percepción pública e incluso sobre el desarrollo de las propias investigaciones.
Por eso varios sectores consideran que el caso exige una indagación independiente, transparente y libre de presiones políticas.
Más preguntas que respuestas
Hoy la muerte de Mónika Silva continúa bajo investigación.
Pero los hechos conocidos hasta ahora permiten afirmar algo que hace pocos días parecía impensable: la hipótesis de suicidio promovida inicialmente por el ministro John Reimberg se encuentra gravemente cuestionada.
Las amenazas previas, la inexistencia del supuesto mensaje de despedida y los indicios forenses divulgados posteriormente apuntan en una dirección muy distinta.
Mientras las autoridades intentan esclarecer lo ocurrido, una sombra se cierne sobre todo el caso: si la evidencia disponible conducía hacia una posible muerte violenta, ¿por qué se intentó convencer al país de que se trataba de un suicidio?
Esa pregunta sigue esperando respuesta.

