julio 23, 2024
ActualidadGelitza RoblesOpinión

Luisa Espinoza y la ‘normalidad’ de sexualizar niños en Ecuador

Imaginen que un hombre se estaciona afuera de un colegio, le ofrece un caramelo a una estudiante que, probablemente es una niña, para que lo toque lascivamente. Esto lo graba y luego lo difunde en redes sociales. Luego, los medios de comunicación recogen esta noticia y lo abordan como un contenido de farándula, lo califican como “polémico” y titulan un banner con una cita textual de aquel hombre diciendo que: “Solo fueron segundos. Ya fue”.

Todo eso pasó en Ecuador, pero no fue un hombre. Esto lo hizo una joven llamada Luisa Espinoza, que se dedica a generar contenido para adultos a través de sus plataformas digitales. Antes, era parte de un grupo musical. La joven se excusa. Dice que sabe que todo lo que hizo no está bien, pero usa al final un “ya fue”. En Ecuador, ese “ya fue” significa “olvídenlo, ya pasó” y se usa para dejar pasar algo poco relevante. Un medio de comunicación usó esa frase para titular información de un acto que puede ser condenado por pornografía infantil. Varios otros, lo describieron como “polémico”. La semiótica es importante, lo que está entre líneas.

Según los diccionarios, una polémica es una “discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas”. ¿Hay opiniones contrapuestas en lo que la propia Fiscalía investiga como un delito de pornografía infantil? No se califica a un asesinato como “polémico”, por ejemplo.

Pero esto no es algo que solo toca a una influencer o a los medios de comunicación. Así es la idiosincrasia de este país, en el que normalizamos que pasen este tipo de cosas. Normalizamos que a los adolescentes hombres se los lleve a prostíbulos para que “se hagan hombres”. Según el Código Orgánico Integral Penal (COIP), Luisa Espinoza, y cualquiera que grabara contenido sexual con niños, podría ser condenado de 13 a 16 años de cárcel.

El artículo 103 del COIP señala que la pornografía infantil se configura cuando una persona fotografía, filma, graba, produce, transmite o edita materiales visuales, audiovisuales, informáticos o electrónicos “que contenga la representación visual de desnudos o semidesnudos reales o simulados de niñas, niños o adolescentes en actitud sexual”.
Justo en agosto de 2022, la Fiscalía procesó a una mujer por el presunto delito de pornografía infantil. La sospechosa habría perpetrado ese ilícito en contra de su hija de 10 años. A Luisa, también la está investigando la Fiscalía de oficio. Esto, mientras miles de usuarios de internet se burlaban de lo que hizo la joven y ‘celebraban’ al menor de edad que fue usado para este delito.

Ayer almorzaba con otros periodistas y me comentaron sobre el caso. Me enseñaron, de hecho, el titular de aquel medio y, como lo calificaban como contenido de “Farándula”. Primero lo ignoramos porque pensábamos que era algo relacionado a la prensa rosa. Cuando supimos de lo que se trataba, notamos cómo se normaliza y hasta se genera contenido ajeno al judicial –que es como se debería tratar este caso- sobre la sexualización de niños y adolescentes, sobre todo si estos son masculinos.

Reflexionamos sobre cómo la “hombría” y el “ser más macho” para un hombre está intrínsecamente ligado con su sexualidad, al punto de que editores de periódicos decidan hacer capturas de pantalla de un vídeo pornográfico en el que el protagonista es un niño, para ubicarlos en sus portadas. ¿Lo hubieran hecho si la protagonista fuese una niña?

En el Ecuador, solo el 15% de casos de abuso sexual es denunciado, y el 5% sancionado, según datos de Unicef. El 65% de los casos de abuso sexual fueron cometidos por familiares y personas cercanas a las víctimas. Del total de casos de abuso sexual, solo 1 de cada 4 víctimas nunca aviso por temor a represalias, vergüenza, impotencia o por miedo a las amenazas. Y de aquellas que avisaron, a una de cada 3 nunca le creyeron.

Lo que hizo Luisa Espinoza ocurrió afuera de una escuela. Quizá ella no lo sabe, pero lo que hizo también puede ser catalogado como abuso sexual. Miles de niños, niñas y adolescentes han sufrido violencia sexual en las instituciones educativas de Ecuador desde 2014, según un informe de Human Rights Watch.

Según datos analizados por el observatorio, 4.221 estudiantes sufrieron violencia sexual en instituciones educativas entre 2014 y mayo de 2020. Desde febrero de 2019 hasta septiembre de 2020, Human Rights Watch entrevistó a 83 personas, incluidos sobrevivientes y sus familias, abogados y fiscales, y analizó 38 casos y datos oficiales sobre violencia sexual en instituciones educativas.
El video de Luisa ocurre dos años después de una sentencia histórica. En agosto de 2020 la Corte IDH determinó que el Estado de Ecuador fue responsable por la violencia sexual e institucional de la que Paola Guzmán fue víctima en 2002. Ella era una adolescente que se quitó la vida motivada por la violencia sexual que ejerció sobre ella el vicerrector del colegio en el que estudiaba. Sentó jurisprudencia para el tratamiento y respuesta ante los casos que se presenten en las escuelas y colegios de la región.

Es por esto, y por miles de casos que se presentan a diario y se normalizan en nuestro país, que lo que ha pasado con Luisa Espinoza y su video debe ser tratado de una manera adecuada por quienes, de una u otra forma, hacemos opinión pública en Ecuador. A ver si algún día, se deja de normalizar la sexualización de los niños.

Si el chico que aparece en el vídeo de Luisa Espinoza nos hubiese contado lo ocurrido, ¿cuántos de nosotros habría encendido las alarmas para sospechar que puede ser un caso de abuso sexual o pornografía infantil?

Por: Gelitza Robles @gelitzarobles

Un comentario en «Luisa Espinoza y la ‘normalidad’ de sexualizar niños en Ecuador»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *