Estamos en guerra, Noboa es guerra
“Cuando un rey presiente que su pueblo
está a punto de rebelarse,
declara la guerra a otro país”.
Napoleón Bonaparte
Quedarse en casa sería regresar a otro periodo oscuro del cual, hasta el momento, no somos capaces de sobrellevar y que inclusive se ha convertido en el ethos de nuestra posmodernidad: la caverna digital, la cual nos ha dotado de ignorancia y miedo.
Retomo las palabras utilizadas por John Reimberg hacia los residentes de Guayas, Santo Domingo, Los Ríos y El Oro, en el anticipado toque de queda que estas provincias tendrán desde el 15 de marzo de 2026 para señalar el discurso recurrente con el cual el gobierno intenta mantener su imagen de por sí ya tan deteriorada: GUERRA.
Escuchar la palabra guerra en el discurso oficial ecuatoriano es similar a la excusa recurrente del genocida Netanyahu para justificar un ataque a Irán avalado por los EE.UU. Y, al igual que la mentira de Bibi (quien lleva más de 30 años repitiéndola), la del Nuevo Ecuador también cae por su propio peso. En nuestro caso particular, el de la mediocridad de decisiones y la estupidez avalada por comunicadores pautados quienes lo único que hacen es reforzar la idea (a la que ya se ha destinado desde enero 2024 cerca de 27 millones de dólares en publicidad) de que Noboa “hace las cosas bien”.
Guerra no solo tiene que ver, hoy por hoy, al conflicto armado interno desde la performance narco en TC Televisión hasta la ahora “participación” de milicia estadounidense contra los narcoterroristas: la guerra es la narrativa del autoritarismo para controlar la vida de quienes sabemos que este gobierno no es más que autoritarismo disfrazado de “centro-izquierda, bien para el centro”, lo cual suena tan absurdo como decir que Lula Da Silva es fascista o que Nayib Bukele respeta la democracia.
Guerra también es la excusa ideal para garantizar que los derechos de la gente común y corriente sean pisoteados o eliminados por un “mayor bien”, como la devastadora flexibilización laboral que pretende establecerse como “respiro” para los trabajadores, el 15 % del IVA que no ha tenido ni un solo resultado real o el abandono progresivo de servicios de salud.
Guerra es la persecución de opositores políticos entre encarcelamientos y “denuncias anónimas”, así como los castigos estatales a servicios municipales; guerra es aliarse con lo peor de lo peor del hemisferio y con un pedófilo que no quiere aprender nuestro “maldito idioma” y bombardea impune escuelas de niñas, y al que, en el colmo del servilismo, se le permite tomar acciones militares en nuestro país bajo justificación (que esperemos pueda comprobar) de que existe una conexión entre GDO y grupos terroristas de Medio Oriente… conveniente en este punto por la intervención estadounidense en Irán.
Guerra es buscar excusas para romper relaciones diplomáticas únicamente por querer agradar a tu jefe del Norte. México, Colombia y Cuba, que, para sorpresa de nadie, son países que no están bajo la gracia de la máquina racista, bélica y grotesca del trumpismo, quien avala la destrucción noboísta y la aplaude.
Guerra es desaparecer a personas en tu territorio, 51 desde la declaración de conflicto armado interno, y guardar silencio ante el abuso de la fuerza. Guerra es traer a la empresa de vigilancia Palantir, a quien su director general Alex Karp dijo ser una empresa “100 por ciento anti-woke” además de no tener reparo alguno en recabar datos privados de ciudadanos en EE.UU. para ponerlas al servicio de agencias de seguridad, es decir: abuso estatal sin ética para control masivo de datos.
Guerra es la política en la cual Noboa ha sumido al país para tapar la corrupción de su gobierno y de quienes lo respaldan. Guerra es la política de Daniel Noboa para acumular las mayores ganancias posibles entre cadáveres, persecuciones, censura y muerte.
Noboa es guerra.
Por Sebastián Vera

