mayo 24, 2024
Andrea PalmaOpiniónPortada

Madres que reciben el bono: el pésimo debate que va desde la estigmatización hasta el desprestigio

¿Cómo funciona realmente el ‘bono para embarazadas’ en Ecuador? Es una cuestión importante que se está debatiendo últimamente en los espacios digitales. El ‘bono para embarazadas’, que realmente se llama Bono Infancia Futuro, y no es precisamente solo para embarazadas, es una política del Gobierno del Ecuador que consiste en brindar ayuda económica (50 dólares al mes) a mujeres embarazadas o que tengan hijos menores de dos años en contextos de desnutrición infantil. En ese arco de tiempo, también hay desembolsos pertinentes (de entre 90 y 120 dólares).

Mientras que el Bono de Desarrollo Humano es la opción para madres solteras y les permite, según un grado de vulnerabilidad (exclusión social, hijos con discapacidad) acceder a una ayuda económica mensual de entre 50 y 150 dólares. Para desembolsar estos bonos, el Ministerio de Inclusión Económica y Social (Mies), hace un exhaustivo análisis del caso; la beneficiaria debe cumplir con ciertas corresponsabilidades como llevar periódicamente a sus hijos al centro de salud, incluirlos en el sistema educativo público y no permitir que los menores se involucren en el trabajo infantil. Incumplir estas normas, disuelve inmediatamente el acuerdo entre el Mies y la beneficiaria del bono.

Estos bonos existen en casi todo el mundo, con otros nombres: bono familiar, bono de pobreza, bono de formación, bono escolar, bono materno, etc. y voces en contra nunca han faltado, especialmente porque esta materia tiene matices políticos e ideológicos y el debate sirve de manera oportuna en las campañas electorales. Entonces, tenemos a políticos con aires de salvadores, utilizando esta situación tanto para ganar votos como para perderlos.

La sorpresa está en la forma tan irresponsable que han escogido algunos personajes para tratar una situación tan delicada: desprestigiando a las madres que reciben el bono, mujeres que de por sí ya están excluidas del sistema, que viven en zonas de alto riesgo, que no han tenido acceso a educación de calidad y menos acceso todavía al mercado laboral. Mujeres que sobreviven a contextos de violencia machista, violencia social. Mujeres a las que se les ha negado la educación sexual inicial e integral, mujeres sin acceso a métodos anticonceptivos y planificación familiar. Esas mujeres, que ninguno conoce particularmente, son el muro donde se estrellan las reflexiones más rústicas: «vividoras», «vagas», «zurdas mantenidas». Aparentemente, el problema que aqueja a nuestro país, no son las mafias, el narcotráfico, la evasión de impuestos y la corrupción, sino que «las mujeres se embarazan para cobrar el bono» y por ende no merecen acceder a ese efectivo.

¡Se embarazan!, ¿se embarazan solas?, ¿se embarazan del Espíritu Santo? Es decir, ¿por qué como sociedad nos cuesta tanto hablar, por ejemplo, del abandono paterno?, ¿por qué el debate no se ha centrado en los miles de casos de padres que eluden sus responsabilidades económicas?, ¿por qué nos cuesta tanto hablar de educación sexual o embarazo precoz?, ¿por qué es menos oportuno hablar sobre métodos anticonceptivos y sobre hacerlos más accesibles?, ¿por qué es más fácil descargar nuestra frustración e ira contra mujeres que ni siquiera conocemos?, son preguntas que me conmueven constantemente. Me queda claro que ningún político pretende ganar votos hablando sobre problemas reales.

Por otro lado, el índice de embarazos precoces o embarazos en situación de vulnerabilidad socioeconómica está atravesado por un sinnúmero de variables, pero desincentivar estos embarazos «por gusto», depende intrínsecamente de la calidad de vida de un país, un país que –vale recordar– se desangra entre fenómenos criminales imparables que afectan directamente a las personas más pobres.

Convertir los bonos para la maternidad en cupones, como si el Estado fuese una pizzería con promociones, no va a aliviar la situación de estas personas en lo absoluto. ¿Cuál es el sustento concreto de esta deshonrosa propuesta política? Si lo que nos preocupa como sociedad es que las mujeres se gasten el Bono de Desarrollo Humano en manicure, existen varias estrategias con sustento científico que podrían servir para desincentivar la maternidad en situación de pobreza y estas no incluyen denigrar a las madres. Lamentablemente no estamos listos para esa conversación.

 

Por Andrea Palma

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